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Madrid, a finales de los años 70, post-franquismo.

Una mujer en situación de desamparo, una chica muy joven, embarazada, sin recursos, sin familia y una dura historia a las espaldas. Navegando a la deriva en el mar de la desesperación. Una víctima natural de los centros de acogida regentados por las monjas que pocos años antes veneraban al Caudillo vitoreado bajo palio.

Una historia más de una época muy oscura donde las adopciones de niños por los “ricos” eran tuteladas por esas “siervas de dios” que campaban a sus anchas en esa España triste y todavía subyugada. Esa España con ruido de sables tronando aún en los oídos de los ciudadanos que soñaban con un país libre.

Una residencia para mujeres solteras en Carabanchel, dirigida por Sor Pura Fernández. Allí empezó el cruel viacrucis de Mercedes Moya.

Un día de infausto recuerdo, en un taxi, delante de un fotomatón en Carabanchel. Mercedes asustada, con su bebé en brazos fue víctima de una sucia trampa mientras Sor Pura le arrebataba a su hija de los brazos. Entre mentiras y falsas promesas en un claro abuso y manipulación psicológica perpetrada por las monjas, esta mujer víctima de la desesperación y la impotencia fue asumiendo la pérdida de su hija.

Mientras le obligaban a firmar unos documentos, en la habitación colindante Mercedes pudo ver una figura hablando con las monjas, una figura y un rostro sobradamente conocido en esa época de “mi carro me lo robaron” y “viva España”.

Esa cara no pasó desapercibida ni para ella ni para algunas de sus compañeras. La incultura de la época les hacía consolar a Mercedes con los tópicos de  “con él estará mejor, tendrá una vida de lujos, no le faltará de nada”.

Una madre siempre quiere lo mejor para su hija, pero al mismo tiempo una madre “jamás” vende a su hija. A Mercedes le robaron el fruto de su vida, su único bien en ese tiempo, la vejaron como mujer y como madre, todo bajo la “legalidad vigente”.

Pasaron los años y Mercedes como el resto de los españoles intentó prosperar y rehacer su vida. Mercedes creó una familia con un hombre que esta vez sí era un “hombre”, con el que es feliz y ha tenido 5 hijos más. Juntos han emprendido una lucha para reclamar el derecho a la verdad, para decirle al mundo que ella jamás vendió ni abandonó a su hija y para decirle a su hija que ella nunca renunciará a su maternidad, solo quiere hacerle llegar el mensaje que como madre comprende que ha tenido otros padres, unos padres que la han querido, la han criado y le han dado todo el cariño que ella necesitaba, pero detrás de esa vida feliz estaba su madre biológica a la cual no se le permitió hacer lo mismo que hicieron los que también son sus padres, los adoptivos.

La paternidad y la maternidad está claro que no es un hecho puramente biológico, eso no admite discusión, pero una madre biológica también es madre a todos los efectos.

Mercedes ha culminado la primera parte de su lucha, ha obtenido la documentación del registro civil que tantos años lleva reclamando, la partida de nacimiento que constata que María José fue registrada con los apellidos de Moya Martín.

María José, hija biológica de Mercedes Moya nació el 7 de mayo de 1978, a los dos días de nacer se la quitaron en el Hospital Francisco Franco de la Seguridad Social.

Sor Pura Fernández falleció en 1997 en Granada. Las monjas de Carabanchel, tras morir Sor Pura, destruyeron todos sus archivos.

Viva España.

Jordi Anell, Vuelo714 Radio

 

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